Los combatientes caídos en la Guerra

Categoría: Ejército (Page 17 of 19)

Celso Páez

El primer trabajador

Por: Aracely Benítez Vega.

Fruto del amor de don Celso Páez y Ana Lutuina Stark nació Celso, el segundo de nueve hijos. Llegó al mundo el 28 de diciembre de 1962 en Paraje Balbuena, a 80 km de Colonia Castelli, Chaco. Alto, robusto como su madre y moreno como su padre. “Un muchachito, tímido, trabajador y buen hermano”, recordó su hermana Eva Páez.

Antes de cumplir con el servicio militar y también en sus momentos de franco, Celso o “Chacho”, como le decían sus allegados, pasaba sus días en el campo ayudando a la familia a cosechar y cuidar algunos animales. “No tenía fiaca para nada, era trabajador, el primero en levantarse y el último en acostarse”, comentó Eva. Además, lo describió como un chico alegre y con picardía, que hacía reír a los demás con sus ocurrencias.

Así como le gustaba el campo, Celso también disfrutaba de jugar al fútbol y cazar con gomera en sus momentos de ocio. Tanto Eva como su amigo Julio Monzón, quien fue su compañero durante el servicio en el Regimiento Infantería 4 de Monte Caseros, recordaron que era amante del chamamé, la polka paraguaya y la rusa, al igual que del asado y el bife.

Chacho dejó en la turba isleña de las Malvinas Argentinas su honor, su alma y su cuerpo. Se estima que la fecha de muerte fue entre el 3 y el 5 de junio, mientras hacía un rastrillaje desde Monte Harrier a Monte Wall. Fue sorprendido junto a otros dos compañeros por los ingleses, quienes lanzaron una bomba que acabó con sus vidas.

Ramón Orlando Palavecino

El chico al que le gustaba ir al Regimiento

Por: Nehuén Bitrán.

Ramón Orlando Palavecino (clase 1962) fue uno de los sesenta soldados caídos de la Provincia de Chaco y uno de los dos oriundos de la Ciudad de Machagai. Formaba parte del Regimiento de Infantería Mecanizado 4 y pertenecía a la Sección Apoyo de la Compañía de Infantería “C”. Falleció entre el 11 y el 12 de junio en el Monte Dos Hermanas.

 Su madre Rosa cuenta que, desde chico, siempre tuvo esa emoción especial por las Fuerzas Armadas. Le gustaba mucho ir al regimiento y escuchar el Himno Nacional.

 “Me dieron”. Esas fueron las últimas dos palabras que le dijo a sus compañeros luego de ser alcanzado por la explosión de un proyectil británico. Instantes después, lo llevaron a un puesto de enfermería donde falleció. Como afirmó René Coria, uno de ellos, Ramón tuvo la desgracia de su lado. Si se tapaba las orejas como lo hicieron quienes estaban con él, probablemente las esquirlas no le hubiesen hecho perder la vida en el campo de batalla.

 Cuando no era momento de combate, Ramón hablaba mucho de su madre. Mencionaba lo buena que era y cuánto la extrañaba. No veía la hora de volver a su Machagai y reencontrarse con su mamá y toda su gente. Él mismo les decía a sus compañeros que era el hijo más querido por sus padres.

 Según recuerda su compañero José Valenzuela, el jovencísimo Ramón, muy corajudo como para tener miedo, viajó contento a las Islas. A pesar de ser un poco tímido, por lo cual algunos jefes se aprovechaban de él y le hablaban mal, fue un soldado muy cumplidor que nunca se negó a nada. Quienes pudieron conocerlo decían que era una excelente persona. De su delgado, moreno y casi adolescente cuerpo de estatura promedio, siempre sobresalía una gran sonrisa.

 Actualmente, el principal acceso de Machagai desde la Ruta Nacional 16, donde se encuentra la Terminal de Ómnibus de la ciudad, homenajea a Ramón Orlando Palavecino llevando su sagrado nombre.

Alberto Genaro Pavón

Todavía anda el “Negro Pavón”

Por: Tomás Blanco.

El viaje de los héroes y víctimas hacia las Islas Malvinas culminó con una pérdida que, aún 40 años después, perdura en la familia de Alberto Genaro Pavón y les impide hablar abiertamente.

“Empuñando un fusil y una sonrisa. Las bombas no destruyen su inocencia”, recitaba el cantante Zitto Segovia, con una reversión del poema de Jorge Pascual dedicado a su primo fallecido en la guerra. Según Sonia, prima del excombatiente, la música le daba felicidad, pero no imaginaba estar en una canción como “Anda el Negro Pavón”.

También anda su infancia en la cosecha, donde hacía changas junto al padre en los campos de Sáenz Peña, Chaco. Además, trabajó de “canillita” y vendió bolsas de polietileno que fabricaba en la casa, el lugar que lo vio crecer apasionado por las películas de acción protagonizadas por Bruce Lee. A pesar de gustarle las peleas, soñaba con ser médico, carrera que estudió dos años en Resistencia, antes de partir a Malvinas.

El 2 de abril, Pavón llegó a las Islas como soldado conscripto del Ejército e integrante de la Compañía de Sanidad Nº3, donde asistía a los heridos. La guerra y la medicina se entrecruzaron: un mal que terminaría con su vida y un anhelo por rescatar las ajenas, sentimiento que permanecerá con su nombre grabado en la ambulancia 107 del Hospital 4 de Junio.

En la mañana del 14 de junio, el cerco de protección de Puerto Argentino fue bombardeado. Tras ser herido por un mortero, Pavón perdió la vida, junto a Sergio Desza y Guillermo Ojeda. Finalizado el conflicto, los buques retornaron al país, pero sus restos quedaron 35 años en el Cementerio Darwin sin identificación, con la frase “Soldado conocido sólo por Dios”. En 2017, el plan Proyecto Humanitario Malvinas reconoció el cuerpo de 112 soldados y, un año más tarde, Gladys Pavón viajó para despedir a su hermano y cerrar un ciclo, que dejó una cicatriz imborrable.

Juan Anselmo Peralta

El músico que no pudo ser

Por: Santiago Capitán.

Juan Anselmo Peralta fue el hijo mayor del matrimonio formado por Sofía Ruiz y Alcides Peralta. Nació un 18 de abril de 1962 en Coronel Du Graty, Chaco, a 20 kilómetros de Los Fortines, donde vivía con sus padres.

Tuvo ocho hermanos y hermanas. Mirta, una de ellas, lo recuerda 40 años después: “Era muy tranquilo, obediente y respetuoso con sus padres”. Sus primeros años vivía al lado de su papá, a quien acompañaba a caballo a recorrer el campo y a cuidar el ganado. Primero fue a la Escuela Rural y terminó la primaria en el colegio N° 197 de Du Graty, donde fue primer escolta de la bandera nacional.

Fue cosechero en los campos de algodón y albañil. Le encantaba bailar, jugar a la pelota y soñaba ser músico y tocar la guitarra. Todo se transformó cuando en 1981 lo citaron para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. “Lamentablemente el conflicto bélico que estalló en abril de 1982 cambió las ilusiones de Juan. Desde la isla escribió dos cartas, en las que contaba de lo orgulloso que se sentía de defender su país, y preguntaba por cada uno de los integrantes de la familia. Omitía detalles de las necesidades para no alarmar pero pedía oraciones por él. En la última carta pidió como deseo regresar a casa y festejar con un asado, pero que si no era así, Dios sabría qué había sido de él”, relató Mirta. En la batalla de Pradera del Ganso, primer enfrentamiento terrestre de la guerra, fue asesinado el 28 de mayo.

En Villa Ángela, a kilómetros de donde nació, un centro de ex combatientes lleva su nombre. Lo mismo ocurre con la denominación de la escuela EPA N°47 de Coronel Du Graty: “Ex Combatiente Juan Anselmo Peralta”.

Rubén Norberto Ramírez

El soldado que no pudo cumplir con su carta

Por: Magalí Maciel.

Rubén Norberto Ramírez nació el 29 de octubre de 1962 en San Bernardo, Chaco. La familia estaba compuesta por sus padres Felipe Ramírez e Isabel Pacheco y fue el tercero de siete hermanos. Se crió en un campo alejado del pueblo, por ende, la primaria la realizó en una escuela rural llamada “Domingo Mateo”. No pudo hacer el secundario ya que era un sostén económico de la casa y ayudaba a su papá en el trabajo.

Era una persona alegre que le gustaba cargosear a sus hermanos y también protegerlos. Un chico alto, gordito y con bellos ojos negros. Alguien tranquilo, solidario, buena persona, por sobre todas las cosas, y muy familiero, según contó su hermano menor Orlando.

Rubén N. Ramírez

Rubén era católico, antes de irse a dormir la siesta acostumbraba a leer la Biblia. Por otro lado, le gustaba jugar a las bochas, su deporte favorito; no le interesaba mucho el fútbol u otros deportes. Y había algo que le encantaba: las comidas de su mamá. Sus preferidas eran la milanesa, el guiso y la sopa.

Cuando tuvo que prestar el servicio militar, su padre le hizo los documentos para que sólo fuera a firmar y volviera, ya que era el único que trabajaba para mantener su hogar. Le habían aprobado todos los papeles, aunque decidió cumplir con su deber. Así fue como se dirigió a la ciudad de Mercedes, Corrientes, donde fue soldado y formó parte del Batallón 12.

A sus 18 años, previo a viajar a Malvinas, envió una carta a su familia, diciendo que pelearía por su patria e iba a volver. Pero no fue así. Su rol en el combate fue de Tirador 2. En uno de los enfrentamientos que hubo en Darwin contra las tropas inglesas, supuestamente les expresaron que harían las paces. Entonces, los soldados argentinos bajaron sus armas. Sin embargo, los otros no. Sus restos yacen en las Islas por la cuarta fila del cementerio de Darwin.

José Antonio Reyes Lobos

La promesa de ver a Queen

Por: Lenny Prida.

José Antonio Reyes Lobos o “Popito”, como lo llamaban sus hermanas, viajó con 20 años a defender el país teniendo los papeles de la baja en la mano. Era el único sostén de su familia, dado que su mamá había quedado viuda.

La pasión por la música, especialmente por la guitarra, la compartía con sus hermanas, sobre todo con María. Solían escuchar a Queen y Pink Floyd. Una pasión que heredó de su papá cubano, José Antonio Reyes Carbonell. Días antes de subir al micro, le prometió que la llevaría al próximo concierto de Queen, ya que al primero no habían podido asistir.

El amor que tenía por sus hermanas era tal que hacía de poste para que jugaran al elástico o las consolaba luego de una película triste. “Mi hermano regalón, que me llevaba al cine, a merendar y pasaba el tiempo conmigo… pasaron casi 40 años y todavía me sigue emocionando”, recordó María.

“No era un chico alocado, era muy de la casa y de pasar los ratos con la familia”, lo describió su mamá. Soñaba comprar el terreno junto a su papá para construir la casa. El máximo deseo era que la “viejita” no trabaje más y disfrute de sus hijos.

Su mamá fue a buscar a “lobitos”, como solían llamarlo los compañeros, y sola se enfrentó a la noticia: “Al ver que no bajó, mi mamá preguntó por él y el capitán le dijo que luchó como un héroe, pero cayó en combate”, rememoró su hermana. Daban por sentado que estaba vivo: había mandado una carta el 14 de junio, último día de combate.

En 2015, su familia fue de las primeras en viajar a reconocer sus restos. Sin embargo, sólo se le permitió estar 40 minutos a cada pariente, teniendo que volver en el día. María sostiene que el reconocimiento a los combatientes no es el adecuado: “Hubo una falta de tacto increíble, mi hermano luchó y murió como un héroe, pero nadie lo reconoció”.

José Luis Ríos

El nene que jugaba con los soldaditos

Por: Gianluca Melogno.

José Luis Ríos nació en Villa Svea, ciudad de Misiones. Estudió en la escuela número 84 y se destacó por una conducta perfecta. Amaba a su país. Carlos Fernández, intendente de la ciudad y amigo de José, recordó: “De chicos jugábamos a los soldados con espadas de madera; a Luisito le tocó estar en esos momentos en los cuales la Patria puso en juego la vida de nuestra gente, de nuestros hombres, hoy Veteranos de Guerra”.

“Era muy querido por todo el barrio por el increíble entusiasmo que mostraba día a día, al igual que lo hizo en Malvinas. Cuando se fue a Corrientes para seguir la carrera militar lo extrañamos mucho, pero cada vez que venía reunía a toda la familia”, rememoró su hermana Margarita Ríos. Desde las Islas siempre le escribía cartas a su círculo íntimo demostrando mucho ánimo y las ganas de recuperar un territorio que siempre perteneció a la Argentina.

El 28 de mayo redactó una última nota, tres días antes de morir en combate. “Estoy en la trinchera, escribiendo sobre mis rodillas. Luchamos por la patria. Recen. Cuando vuelva, papá, vamos a tomar un vinito”, expresaba, sin saber que su padre había muerto unos días antes.

Margarita y Gladys, dos de sus 9 hermanas y hermanos, pudieron viajar a Malvinas a dejar unas flores y un rosario en su tumba. Ellas se enteraron por un llamado telefónico que José había pasado a ser tan solo un número: el 32. Por ese entonces los cuerpos no habían sido identificados. El cementerio es el único pedazo de tierra que Inglaterra considera argentino.

Cada 2 de abril, en su ciudad natal, se realiza un acto homenaje frente al busto que lo recuerda, sobre la calle que lleva su nombre. Allí, se mantienen vivos en la memoria colectiva los valores que el cabo primero José Luis Ríos siempre transmitió.

José Luis Rodríguez

El orgullo de Dolores

Por: Pedro Pérez.

José Luis Rodríguez nació en Mar del Plata, pero tras la Guerra de Malvinas se volvió hijo predilecto de la ciudad de Dolores, donde hace unos años la municipalidad lo homenajeó y colocó una lápida en el atrio de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores.

José Luis fue el mayor de tres hermanos, vivió sus primeros años en Mar del Plata, luego en Santa Teresita hasta la separación de sus padres y se mudó con Luis Alberto, su papá, a Dolores. Sus estudios primarios los realizó en la Escuela de Educación Primaria Nº1 “Pedro Castelli”, los secundarios en el “ENET” con el objetivo de ser técnico mecánico tornero. “El Laucha” era disciplinado, siempre con buenas notas y logró su cometido de obtener el título terciario. Su hermano José y su amigo Leonardo Nordi lo recuerdan como alguien muy amigable con una gran calidez humana, que socializaba con facilidad y que tenía como hobby jugar al fútbol. Lo hacía en el Club Talleres pero era fanático de Independiente.

La última vez que vieron a José Luis fue cuando lo despidieron a través de la ventana del ómnibus, acompañado de sus compañeros soldados rumbo a las islas. “Con su uniforme verde y una expresión en el rostro que mezclaba alegría y emoción por la partida”, así lo cuenta José, su hermano menor.

Leonardo Nordi hizo el servicio militar junto al marplatense, fue su compañero hasta el último momento de su vida que lo llevó a la eternidad. También habló de la Batalla de Monte Longdon en la que Nordi estuvo al lado de Rodríguez cuando falleció. “Al momento en que los ingleses toman el monte, empieza el bombardeo, desde allí tenían una gran posición para ver nuestros movimientos. Una bomba cayó a medio metro de donde estábamos José y yo, a mí me hizo volar por los aires pero sobreviví, ‘El Laucha’ falleció en ese instante”. Nordi no pudo olvidar nunca ese momento, perdió a su gran amigo, por unos centímetros fue Rodríguez quien murió. Tardó muchos años en aceptar la vida sin “El Laucha”.

Macedonio Rodríguez

El alegre acordeonista

Por: Franco Yazbik.

Macedonio Rodríguez nació en San Luis del Palmar, una pequeña ciudad de Corrientes, pero su verdadero lugar en el mundo fue Almirante Brown, barrio al que se mudó a los 3 meses con sus padres y 5 hermanos.

“Mace” estuvo en la batalla de Monte Longdon, donde los jóvenes argentinos se enfrentaron contra los paracaidistas ingleses, quienes estaban sumamente preparados para la batalla.

Hoy descansa en Darwin, al fin, con nombre y apellido, luego de estar varios años con una placa que decía “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.

María Inés Romero, madre del veterano de Malvinas, mantuvo la esperanza de ver a su hijo con vida mientras no sabía nada de él. Su padre, enfermo de cáncer, recorrió varios puntos para obtener información. Uno de los lugares fue Campo de Mayo, allí no le dejaron averiguar nada y murió sin saber el paradero de Macedonio. Un año más tarde, el mayor Carlos Carrizo le contó a María Inés sobre la muerte de su hijo.

Sus hermanos expresaron que él era un chico alegre y le gustaba pasar mucho tiempo con sus amigos: “Era tan bueno de chiquito, parece que su destino era morir joven”. Su hermana Eulogia recuerda que Macedonio tocaba chamamés en el acordeón que sus padres le regalaron a sus 13 años y había formado un grupo familiar que portaba el apellido: “Los Hermanos Rodríguez”, con quienes animaba las fiestas familiares. Tras su partida, nada fue igual para sus seres queridos.

Hoy en día María Inés dice que le llevó mucho tiempo amigarse con Dios, pero al ser creyente pudo perdonarlo y seguir adelante. También expresó que en cada veterano de Malvinas ve a su hijo, ya que le trae muchos recuerdos de la última vez que se despidieron cuando, el 31 de marzo de 1982, lo llamaron para presentarse en el Regimiento y partir a la guerra.

Víctor Rodríguez

El héroe de Banfield

Por: Bautista Rafael.

Valor, valentía y lealtad, son algunas de las tantas virtudes que necesitaron los jóvenes argentinos para ir a una guerra obligados por la dictadura. Con todas ellas contaba Víctor Rodríguez. Oriundo de Banfield y nacido el 21 de julio de 1962, fue a las Islas Malvinas formando parte del Regimiento de Infantería 7 de La Plata. Se ubicaron en Monte Longdon y allí se instalaron alrededor de sesenta “colimbas” de su unidad. Semanas después, falleció a los 19 años, el 10 de junio de 1982 en el este de la Isla Soledad.

Antes de formar parte del Ejército argentino, había dejado de estudiar con el propósito de ayudar económicamente a su familia. Su madre, Benigna Sena, trabajaba en un colegio y su padre, Fermín Rodríguez, en una fábrica. A veces el dinero no les alcanzaba y debían hacer sacrificios para llegar a fin de mes. Por otro lado, a pesar de todos sus esfuerzos, si hay algo que no le faltaba en su vida era la compañía: a los 18 años ya sostenía una relación amorosa con Mabel Godoy, a quien dejó en Banfield tras partir al frente de batalla y prometiéndole volver algún día.

El ex combatiente Antonio Reda, compañero y amigo de Víctor, recordó: “Era una persona muy sencilla, reservada y sensible. De tono suave, nunca lo escuché gritar”. Además, agregó: “Yo no estuve con él en Malvinas, nos tocó en lugares diferentes. Compartimos mucho en la instrucción y recuerdo que nos pasábamos horas leyendo cartas de nuestras familias y hablando de ello”.

La partida de Víctor dejó un vacío inmenso en su familia, tanto que después de la guerra sus padres se separaron y Benigna pasó por momentos muy duros. En el 2018, finalmente el cuerpo del héroe fue reconocido y llevó tranquilidad a sus seres queridos.

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