Los combatientes caídos en la Guerra

Categoría: Ejército (Page 18 of 19)

José Luis Rodríguez

El orgullo de Dolores

Por: Pedro Pérez.

José Luis Rodríguez nació en Mar del Plata, pero tras la Guerra de Malvinas se volvió hijo predilecto de la ciudad de Dolores, donde hace unos años la municipalidad lo homenajeó y colocó una lápida en el atrio de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores.

José Luis fue el mayor de tres hermanos, vivió sus primeros años en Mar del Plata, luego en Santa Teresita hasta la separación de sus padres y se mudó con Luis Alberto, su papá, a Dolores. Sus estudios primarios los realizó en la Escuela de Educación Primaria Nº1 “Pedro Castelli”, los secundarios en el “ENET” con el objetivo de ser técnico mecánico tornero. “El Laucha” era disciplinado, siempre con buenas notas y logró su cometido de obtener el título terciario. Su hermano José y su amigo Leonardo Nordi lo recuerdan como alguien muy amigable con una gran calidez humana, que socializaba con facilidad y que tenía como hobby jugar al fútbol. Lo hacía en el Club Talleres pero era fanático de Independiente.

La última vez que vieron a José Luis fue cuando lo despidieron a través de la ventana del ómnibus, acompañado de sus compañeros soldados rumbo a las islas. “Con su uniforme verde y una expresión en el rostro que mezclaba alegría y emoción por la partida”, así lo cuenta José, su hermano menor.

Leonardo Nordi hizo el servicio militar junto al marplatense, fue su compañero hasta el último momento de su vida que lo llevó a la eternidad. También habló de la Batalla de Monte Longdon en la que Nordi estuvo al lado de Rodríguez cuando falleció. “Al momento en que los ingleses toman el monte, empieza el bombardeo, desde allí tenían una gran posición para ver nuestros movimientos. Una bomba cayó a medio metro de donde estábamos José y yo, a mí me hizo volar por los aires pero sobreviví, ‘El Laucha’ falleció en ese instante”. Nordi no pudo olvidar nunca ese momento, perdió a su gran amigo, por unos centímetros fue Rodríguez quien murió. Tardó muchos años en aceptar la vida sin “El Laucha”.

Macedonio Rodríguez

El alegre acordeonista

Por: Franco Yazbik.

Macedonio Rodríguez nació en San Luis del Palmar, una pequeña ciudad de Corrientes, pero su verdadero lugar en el mundo fue Almirante Brown, barrio al que se mudó a los 3 meses con sus padres y 5 hermanos.

“Mace” estuvo en la batalla de Monte Longdon, donde los jóvenes argentinos se enfrentaron contra los paracaidistas ingleses, quienes estaban sumamente preparados para la batalla.

Hoy descansa en Darwin, al fin, con nombre y apellido, luego de estar varios años con una placa que decía “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.

María Inés Romero, madre del veterano de Malvinas, mantuvo la esperanza de ver a su hijo con vida mientras no sabía nada de él. Su padre, enfermo de cáncer, recorrió varios puntos para obtener información. Uno de los lugares fue Campo de Mayo, allí no le dejaron averiguar nada y murió sin saber el paradero de Macedonio. Un año más tarde, el mayor Carlos Carrizo le contó a María Inés sobre la muerte de su hijo.

Sus hermanos expresaron que él era un chico alegre y le gustaba pasar mucho tiempo con sus amigos: “Era tan bueno de chiquito, parece que su destino era morir joven”. Su hermana Eulogia recuerda que Macedonio tocaba chamamés en el acordeón que sus padres le regalaron a sus 13 años y había formado un grupo familiar que portaba el apellido: “Los Hermanos Rodríguez”, con quienes animaba las fiestas familiares. Tras su partida, nada fue igual para sus seres queridos.

Hoy en día María Inés dice que le llevó mucho tiempo amigarse con Dios, pero al ser creyente pudo perdonarlo y seguir adelante. También expresó que en cada veterano de Malvinas ve a su hijo, ya que le trae muchos recuerdos de la última vez que se despidieron cuando, el 31 de marzo de 1982, lo llamaron para presentarse en el Regimiento y partir a la guerra.

Víctor Rodríguez

El héroe de Banfield

Por: Bautista Rafael.

Valor, valentía y lealtad, son algunas de las tantas virtudes que necesitaron los jóvenes argentinos para ir a una guerra obligados por la dictadura. Con todas ellas contaba Víctor Rodríguez. Oriundo de Banfield y nacido el 21 de julio de 1962, fue a las Islas Malvinas formando parte del Regimiento de Infantería 7 de La Plata. Se ubicaron en Monte Longdon y allí se instalaron alrededor de sesenta “colimbas” de su unidad. Semanas después, falleció a los 19 años, el 10 de junio de 1982 en el este de la Isla Soledad.

Antes de formar parte del Ejército argentino, había dejado de estudiar con el propósito de ayudar económicamente a su familia. Su madre, Benigna Sena, trabajaba en un colegio y su padre, Fermín Rodríguez, en una fábrica. A veces el dinero no les alcanzaba y debían hacer sacrificios para llegar a fin de mes. Por otro lado, a pesar de todos sus esfuerzos, si hay algo que no le faltaba en su vida era la compañía: a los 18 años ya sostenía una relación amorosa con Mabel Godoy, a quien dejó en Banfield tras partir al frente de batalla y prometiéndole volver algún día.

El ex combatiente Antonio Reda, compañero y amigo de Víctor, recordó: “Era una persona muy sencilla, reservada y sensible. De tono suave, nunca lo escuché gritar”. Además, agregó: “Yo no estuve con él en Malvinas, nos tocó en lugares diferentes. Compartimos mucho en la instrucción y recuerdo que nos pasábamos horas leyendo cartas de nuestras familias y hablando de ello”.

La partida de Víctor dejó un vacío inmenso en su familia, tanto que después de la guerra sus padres se separaron y Benigna pasó por momentos muy duros. En el 2018, finalmente el cuerpo del héroe fue reconocido y llevó tranquilidad a sus seres queridos.

Claudio Alejandro Romero

El valor de la palabra hasta el final

Por: Facundo Fernández.

Uno de nuestros tantos héroes nació un 16 de diciembre de 1962 en la localidad de San Miguel, partido de General Sarmiento, provincia de Buenos Aires. El hijo de doña Sara Soto y don Luis Romero estudió en la Escuela N°23 “Tambor de Tacuarí” (hoy Martin Fierro), del barrio Mariano Moreno, Los Polvorines.

Con 18 años se presentó al distrito militar General San Martín. Allí fue designado a cumplir con su servicio en el “Grupo de Artillería de Defensa Aérea 101”, Teniente Pablo Ricchieri, donde integró la Batería de tiro “B” Independencia. A Claudio lo querían mucho los “colimbas” y lo apodaron “Romerito”. Su compañero Carlos Lunti lo recuerda como “un tipo sencillo, humilde y de pocas palabras. Algo rudo pero macanudo, que constantemente estaba cerca de los alborotos que se armaban”.

En Malvinas estuvo en el oeste de la Península Camber. Y es el día de hoy que sus pares lo recuerdan como un buen camarada, dispuesto a brindar ayuda a los demás, hasta en los momentos más difíciles. Con una anécdota lo describe su compañero Gustavo Yamamotto: “Era una fría mañana y habíamos ido a buscar agua a un charco para preparar mate cocido. De repente, escuchamos el sonido a lo lejos de una flota de aviones Harriers que venían dispuestos a atacar el aeropuerto de las islas. Se alistaron y Romerito en su rol de combate sirvió la carga de proyectiles y comenzaron los disparos, así fue como el enemigo tuvo que abortar esa misión, mientras se oían nuestros gritos de ‘Viva la Patria, ¡Carajo!’”.

El 14 de junio de 1982, Claudio Alejandro Romero falleció en combate pasando a formar parte para siempre de los heroicos centinelas, dando valor a su palabra de honor de “defenderla hasta perder la vida”. 

José Luciano Romero

Un chamamé que sigue sonando

Por: Micaela Trípodi.

En La Plata, hace apenas unos años conocieron la existencia de José Luciano Romero. Vivió toda su niñez en Corrientes hasta que, junto a su madre Gabina y sus trece hermanos, se trasladaron a la ciudad que se divide entre Pincharratas y Triperos.

Aunque pasó los últimos momentos de su vida en Buenos Aires, Romero era perugorriano de corazón. Nació el 19 de marzo de 1963 en la localidad de Perugorría, departamento de Curuzú Cuatiá, y realizó la primaria en una pequeña escuela en Paso Tala. La única que existía por aquel entonces.

Al mismo tiempo que estudiaba, José comenzó a trabajar. Plantaba choclo, arroz y zapallo mientras, como un auténtico correntino, escuchaba chamamé. Debido a la extrema pobreza que atravesaba su familia, se vio obligado a dejar de lado las tardes de fútbol con los niños de la zona que tanto disfrutaba al terminar su tarea en las plantaciones, y emigró hacia La Plata. Allí consiguió empleo en un frigorífico.

Con aquel trabajo parecía que su vida se iba acomodando. Pero recibió el llamado que cambió sus planes por completo. Su participación en el servicio militar lo llevó luego a la Guerra en las Islas Malvinas. Con escasa preparación, se le fue asignado el rol de combate de tirador y abastecedor de la ametralladora MAG.

En el cerro Dos Hermanas, mientras colocaba las minas en el terreno, el soldado Romero fue atrapado de manera inesperada por los británicos y sucedió el desenlace fatal. Murió el 6 de julio de 1982, con 18 años.

Hoy, José Romero está presente en sus dos hogares: se le rinde homenaje en La Plata, así como en su querida Perugorría, donde un pasaje en el barrio 30 viviendas lleva su nombre. En el pueblo que lo vio nacer su nombre quedará grabado para siempre.

Ricardo José Luna

Por: María José Escalante.

“Entendé que hice un juramento a la Patria y a la bandera, y voy a cumplir con eso, defendiéndolas hasta perder la vida”, le dijo el soldado Ricardo José Luna a su mamá Elsa cuando se despidió de ella, el 13 de abril de 1982, para partir a Malvinas. Fue ese domingo , frío y nublado, la última vez que vio a su familia.

Ricardo José, o “Pato” como le decían sus familiares y amigos, nació en el Hospital Zonal de Agudos “Blas Lorenzo Dubarry” en Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 14 de marzo de 1962. Séptimo hijo de once hermanos, cuatro mujeres y siete varones. Cursó sus estudios en la escuela N° 13 General Viamonte de su ciudad natal que lo recuerda con una placa con su nombre, al lado de la figura del padre de la patria, Don Jose de San Martin.

Elsa se hizo cargo sola de la crianza de Ricardo y sus hermanos, tras el abandono de su padre. La humildad y las ganas por progresar que aprendió desde chico, lo llevaron a trabajar a él, como sus hermanos, desde muy temprana edad.

Antes de enrolarse al servicio militar obligatorio y de pertenecer al  Regimiento 6 de Infantería Mecanizada “General Viamonte”, trabajó en una fábrica de broches y secadores de plásticos, hasta quedar cesante.

Rosa Luna, su hermana más chica, recuerda la última vez que compartieron un almuerzo,  ya estando él en el servicio militar y con la noticia de su partida a las Islas: ”Lo note ansioso y nervioso por ir Malvinas, sacó de su fajín unos cigarrillos y empezó a fumar. Nunca antes había fumado”.

También, recuerda su manera alegre y jovial de ver la vida, lleno de proyectos y con futuro prometedor: “Pensaba en casarse con su noviecita con la que estaba hacía tres años, después de terminar el servicio, para formar una familia”. La misma energía vital que lo caracterizó, según se enteró su propia hermana de boca de quienes compartieron pelotón, como el animador del grupo.

Fanático del folclore, del Trío San Javier, Los Chalchaleros y Horacio Guarany, con un patriotismo mucho antes de Malvinas, a tal punto  de que no escuchaba la música de moda de la época, como los Bee Gees.

La menor de sus hermanas, recuerda que en un pedazo de hoja de papel, que aún guardan, les escribió una carta a todos en la que les remarcaba muchas veces: “Estoy bien”. “Lo único que nos pedía -con la condición de ‘solo si podían’- era mandar sal para comer los corderos” que les dejaban matar los jefes militares.

En la última carta que les envió les volvió a recalcar que “por el juramento a la Patria y a la bandera, iba a cumplir, defendiéndolas hasta morir”.

Fue así que cayó en Coldtown el mismo día que terminó la guerra. La madrugada del 14 de junio. En esa zona, aún no había llegado la información del cese del fuego. Sus restos, descansan bajo la cruz blanca del cementerio Darwin, en la Isla Soledad de las Malvinas Argentinas.

Hoy en su ciudad, Mercedes, además de las muchas conmemoraciones que hacen honor a los caídos de Malvinas, uno de los camiones de la empresa “Puerto Argentino”, de Aldo Franco, ex combatiente, lleva su nombre. Así, se reconoce a través de las rutas argentinas, el enorme significado de quién fue el soldado Ricardo Luna.

Daniel Omar Luque

Por: Dante Infantino.

Sin cancha, sin arco y hasta a veces sin pelota, el fútbol parecía ser el único recreo que Daniel Omar Luque tenía, pero no un recreo de la primaria o de la secundaria, sino de las arduas jornadas en el campo al que le dedicó casi toda su vida.

Oriundo de la localidad de San Luis del Palmar, Corrientes, “Dani” pasó ahí sus primeros años, hasta que la pérdida de su padre puso patas para arriba su vida y la de sus hermanos. En aquel entonces (cuando eran ‘’pobres, tristes y sin un peso’’ como recuerda su hermana María) su madre, Gabina, sabiendo que no iba a poder darle a su hijo la vida que merecía, decidió dejarlo con su tía. Mientras tanto, ella y su hija mayor probarían suerte en Buenos Aires.

Fue allí, en las desoladas tierras de Saladas, donde Daniel conoció las labores con el trigo y el maíz.

Día tras día, cosecha tras cosecha y siembra tras siembra, fue marcando su personalidad. “Un chico de campo, inocente pero picarón, tranquilo pero bromista, comprensivo pero terco. Dual como cualquier pibe en esos años”, lo describen sus hermanos.

No fue sino hasta los diecinueve que, por primera vez, tuvo la oportunidad de viajar. Lo esperaba la guerra y el destino terrible que comparte con más de 600 argentinos. El frío austral de las islas debió ser terrible, más para Daniel que nunca había experimentado algo semejante, o al menos así lo supone su familia, que nunca pudo comunicarse.

Sin saber leer o escribir, Daniel embarcó a las Islas Malvinas el 15 de abril de 1982. Su madre y sus hermanos, aún en Buenos Aires, se enteraron varias semanas después. Su tía, ‘’la Blanca’’, lo despidió muy triste, pero con la falsa promesa de que serían tan solo por unos meses.

Jorge Alberto Lamas

Por: Nahuel Contreras.

Jorge Alberto Lamas era un muchacho muy inteligente, amante de las matemáticas aunque no le gustaba estudiar. Pasaba su niñez jugando a la bolita y a los soldaditos, pero con una salvedad: no se arrodillaba para mantener su ropa intacta de cualquier mancha.

El padre de Jorge había muerto cuando él tenía apenas siete años, y su hermana Stella Maris, cinco. Desde ese momento Jorge se puso la familia al hombro, sintió que debía hacerse cargo vigilando la casa, o simplemente haciendo los mandados. Cada día, cuando su mamá Julia se iba a trabajar, el pequeño quedaba a cargo de todo y de todos.

El 11 de abril de 1982 -domingo de Pascuas- fue la última vez que Julia y Stella vieron a Jorge. Al día siguiente, embarcó y emprendió viaje con rumbo Sur. Lamas se fue tranquilo y no tuvo miedo: “El creía que los ingleses no iban a llegar nunca a las islas. Antes de partir, Jorge intuyó que algo malo pasaba porque llevaban mucho material bélico”, dijo su mamá.

Una vez instalado en las Islas Malvinas, la comunicación con su familia fue muy esporádica. Tanto las cartas como las encomiendas tardaban mucho en llegar. Tanto que la última que recibió la familia de Jorge fue después de saber que había caído en combate: “Mamá estoy bien”, le escribió de puño y letra a Julia para dejarla tranquila, al mismo tiempo que le pedía que le mandara chocolates para combatir el frío.

Jorge Alberto Lamas, alegre, divertido, sano, familiero y bondadoso. Según sus compañeros: “Donde estaba Jorge, solamente existía alegría”, dicen. Muchos fueron los reconocimientos que recibió en las últimas cuatro décadas, entre ellos un emotivo homenaje que en 2014 le brindó el Concejo Deliberante de Balcarce. Una ciudad que está muy orgullosa de haber albergado a uno de los tantos héroes de Malvinas.

Raúl Dimotta

Los recuerdos siempre están

Por: Angel Solís.

Los refugios son los lugares donde una puede sentirse segura y fuera de peligro. La ‘Plaza Sargento Raúl Dimotta’ que lleva el nombre de su hermano y que está ubicada en Almirante Brown y Rúben Darío, en Gualeguaychú, es el lugar donde recurre cuando necesita la compañía de alguien. “Siempre estoy malvinizando de alguna manera”, dice Nora Dimotta, la hermana menor de Norma y de Raúl o “Lito”, como lo conocieron sus familiares y sus amigos, el hombre que le puso su nombre a la plaza. “Una persona especial”, fue el adjetivo que no faltó en ninguna oración de la reconstrucción del ex combatiente de la Guerra de Malvinas.

Nació el 12 de diciembre de 1958 en Goya, Corrientes. Antes de sus 15 años “Lito” ya sabía lo que quería para su vida. Sus padres Ociel Ángel Dimotta y Diamantina apoyaron su decisión; de hecho, su padre fue militar y acompañó al joven Raúl a Buenos Aires para comenzar su carrera militar. Allí fue donde conoció a uno de sus grandes amigos, que lo acompañaría en la continuación de su vida, Carlos Corsini.

Carlos, que hoy tiene 60 años, pensó por entonces rápidamente en una salida al cine en la calle Lavalle. “No me acuerdo de la película que íbamos a ver, pero era una de esas prohibidas para menores. Nosotros nos creíamos mucho más grandes por ser militares. Para entrar mostramos nuestros documentos de la Fuerza y el vendedor nos dijo: ‘Sí, son militares pero no pueden entrar’”, cuenta con risas, en medio de aquella vergüenza que pasaron frente a las demás personas de la fila. 

“Raúl era de esa inocencia”, dijo al finalizar su recuerdo y volvió a repetir la definición de “especial”, así como ya lo había hecho Nora.

Raúl no estaba destinado a ir al frente de Malvinas, pero por su amor a la patria eligió ir en la oportunidad que tuvo en el helicóptero PUMA Alfa Eco 504. Sus compañeros lo esperaron pero nunca volvió de ese trágico accidente donde perdió la vida a manos de un misil inglés el 9 de mayo de 1982

Jorge Daniel Ludueña

Por: Gustavo Marto.

Esta es la historia de una carta que nunca pudo ser enviada y la de un jovencito que, sin quererlo, se convirtió en el héroe de su ciudad. Cuando en febrero de 1982 partió rumbo a Comodoro Rivadavia para iniciar el servicio militar en el Regimiento de Infantería 8, Jorge Daniel Ludueña tenía 18 años. Había nacido el 4 de noviembre de 1963, en la localidad de Las Varillas, departamento de San Justo, en la provincia de Córdoba.

Hoy, su mamá Manuela recuerda cómo fue aquel momento: “Estaba trabajando en un taller mecánico, le gustaban los autos. No le gustaba mucho estudiar y no era muy buen alumno. Eso sí, siempre fue muy querido por sus compañeros y maestros, en la única materia en la que siempre traía buenas notas era en ‘Deporte’, pero era un alumno excelente en conducta”.

La pasión del adolescente era el fútbol. Hincha de River, pasaba horas jugando en el club Huracán. Era alto, tranquilo, callado y algo tímido. Disfrutaba pasando el tiempo en casa, en el campo, andando en bicicleta y compartiendo asados en familia o con amigos. “Era un santo, un hijo ejemplar”, se sigue emocionando su mamá cuatro décadas después.

Jorge amaba a su familia y tenía una especial debilidad por “Marita”, su sobrina de tres años, hija de su hermana Estela: “Tenía devoción por ella”, cuenta su madre, quien asegura que la niña vivía en brazos de Jorge. Marita casi no tiene recuerdos de su tío, pero la emoción y el orgullo la invaden cada vez que le hablan de él y se reconoce parte de su historia, tanto que Manuela recuerda que ella cargaba a su pequeña nieta en brazos cuando aquella tarde de mayo de 1982 llamaron a su puerta para darle la noticia del fallecimiento de su hijo. “Cuando nos despedimos de Jorge, estábamos convencidos de que pronto íbamos a volver a verlo. Antes de Malvinas manteníamos correspondencia todo el tiempo, incluso pude viajar una vez a Comodoro a llevarle cosas pero no pude verlo”.

Jorge no murió en combate, sino a raíz de una intoxicación por ingerir comida en mal estado. A los 15 años había sufrido problemas hepáticos y no resistió. Todavía hoy el dolor más grande de su madre es no saber si Jorge sufrió. Durante años la invadió una enorme tristeza y buscaba a su hijo cada vez que viajaba a Córdoba Capital, con la esperanza de encontrarlo “perdido en la ciudad”, como ella misma define. Lo buscaba en los rostros de otros chicos, cuando miraba fotos de ex combatientes y durante mucho tiempo soñaba con verlo llegar en su bicicleta como todos los días.

Durante el corto tiempo que pasó en Malvinas, Jorge escribió una sola carta para su familia, que nunca pudo ser enviada. El texto fue rescatado entre sus pertenencias por el suboficial de la Armada Miguel Angel Gaete, y recién en 2019 pudo ser entregado. En ella, Jorge le contaba a su mamá que estaba bien, que esperaba volver pronto, y pedía que le envíen un sweater y medias porque hacía “mucho frío”.

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