Los combatientes caídos en la Guerra

Categoría: Ejército (Page 14 of 19)

Sergio Carballido

Por: Santiago Saavedra.

Sergio Alberto Carballido nació el 23 de octubre de 1962 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, y formó parte como soldado del Regimiento 7 de Infantería de La Plata: otro de los tantos héroes  que perdió su vida por defender a la patria con solo 19 años..

Sergio, o “Pato”, es recordado por Carlos Varde, compañero suyo en la unidad militar y  hoy ex Veterano de Malvinas, como un “muy buen pibe que no tenía ni causaba problemas”.

El 10 de junio del 80, Carballido perdió la vida cuando se defendía junto a sus compañeros de un ataque británico en la batalla del Monte Longdon. Varde recuerda una charla que tuvo con Pato antes de ese trágico episodio: “Unos días antes del combate, nos cruzamos con otros dos compañeros (Rondi y Rodríguez) y charlamos entre los cuatro, recuerdo que yo me reía y él me dijo: ‘Que suerte tenés  de reírte, a mí no me da’. A lo que le respondí trata de reírte un poco así no te bajoneás’”. 

Varde lo recordará por siempre, como ese adolescente que practicaba natación y que antes de partir a la Guerra aprobó el examen de ingreso a la facultad de Bioquímica, la misma en la que él estudiaría a la vuelta de Malvina, y en donde luce hay una placa que expresa: “Soldado Sergio Alberto CARBALLIDO –estudiante de Farmacia y Bioquímica fallecido en Islas Malvinas- dio su vida por la patria, vivirá por siempre”.

Ese joven con mucho futuro dio lo más importante que tiene un ser humano: la vida. “No se olviden de Sergio Carballido, un héroe a los 19 años”, pide conmovido Varde. 

Carlos Epifanio Casco

Por: Daniel Cabrera.

Carlos Epifanio Casco nació el 18 de marzo de 1962 en Quitilipi, Chaco, hijo de Hilario Soto y Marcelina Casco, fue el primer hijo y siete años después nació el segundo de la familia: su hermano Hugo Casco.

Cursó la primaria en la escuela Nº 329 de La Matanza en el norte argentino. Tras egresar, cumplió su servicio militar en Monte Caseros, Corrientes, en el regimiento de infantería Nº 4.  En 1982, al cumplir 20 años, visitó a su padre, a su madre y a su hermano para avisarles que prontamente se iba a ir de baja.

Su hermano Hugo contó que esa situación “nunca ocurrió” porque se desató el conflicto con el Reino Unido y a fines de marzo estaba camino al sur. Cuando llegó al Puerto Argentino, mandó varias cartas desde las islas Malvinas en las que le comunicaba a su familia que estaba “bien y contento”, aunque sus padres empezaron a desconfiar cuando se enteraron de que los textos eran los mismos que recibían otras familias.

Su hermano lo recuerda  como una “excelente persona”: “Católico, ayudaba como monaguillo al sacerdote”. Él era muy apasionado por el fútbol e hincha de Boca Juniors; el trabajo que realizaba era de campo “sembrar, carpir y cosechar el algodón”.

El 12 de junio falleció a los 20 años en Puerto Argentino en uno de los combates finales que definieron la contienda. Al poco tiempo, ya en democracia, el consejo municipal de Quitilipi le brindó un homenaje : le puso su nombre a una de las calles principales de la ciudad. La escuela escuela rural Nº 329 de esa localidad adoptó la misma medida.

Mario Rodolfo Castro

Por: Tomás Ríos.

Mario Rodolfo Castro nació el 10 de agosto del año 1963 en Tinogasta, Catamarca. Era hijo de Teresa y Patricio Castro y hermano de Graciela, dos años mayor que él y quien lo recuerda como un joven “muy aplicado y profesional, solidario y de muchos amigos”. 

A los 16 años, Mario vio un anuncio en una revista de la escuela de Suboficiales “Sargento Cabral” que informaba sobre la búsqueda de nuevos reclutas y se tentó. Entonces, se anotó, comenzó el 1 de febrero de 1980 y egresó con el cargo de Cabo del Arma de Infantería el 20 de noviembre de 1981. Desde ahí fue destinado al regimiento de Infantería 25, en la ciudad de Sarmiento, provincia de Chubut.

A pesar de las típicas peleas entre hermanos de niños, Graciela detalló que su relación era muy cercana, que eran “muy buenos compañeros” y sumó una anécdota: “Cuando fuimos a la fiesta de Aspirantes, Mario me pidió que eligiera un vestido lindo para acompañarlo; si nos veía mamá en ese momento, se moría”, recuerda a la distancia.

Cuando llegó la hora de embarcar a Malvinas, nadie de su familia y de su entorno se enteró, ya que el destino era desconocido por secreto profesional. Castro fue “muy profesional al irse sin contar nada”, detalló su hermana Graciela, porque también dejó a su novia a la que “no le pudo revelar ningún dato de su misión”.

En Malvinas, el joven tinogasteño asumió el mando de su compañía RI 25 luego de que su teniente, Roberto Néstor Estévez, fuera alcanzado por un proyectil y ordenara en sus últimos minutos de vida que Castro asumiera la conducción del grupo y continuara haciendo fuego. Mario Rodolfo Castro falleció a las 8.30 del 28 de mayo de 1982, en pleno combate de la Batalla de Pradera del Ganso, en Darwin.

Alberto Fernando Chaves

Por: Enzo Gutiérrez Saavedra.

Alberto Fernando Chaves nació el 27 de agosto de 1962 en el Hospital Fernández, en la ciudad de Buenos Aires. Era el tercer hijo de seis y único varón: “Era delgado, de aproximadamente 60 kg, 1.67 de estatura, tez blanca, ojos marrones, labios gruesos, muy amiguero, especialmente de la gente grande”, lo describe Silvia Chaves, su hermana menor. Era hincha de Boca pero nunca pudo ir a la cancha, por problemas económicos. También era reservado y no contaba mucho de su vida privada, comparte Enrique Torres, uno de sus compañeros en el servicio militar que cumplió en 1981 en el Regimiento 3 de Infantería, en La Tablada.

Luego de su servicio en el Escuadrón de Exploración de Caballería blindado 10, quiso continuar la carrera militar: “Un día, nos llama un militar de rango y le dice a mi mamá que Alberto se podía quedar en la Argentina. Mami, contenta, le pidió al señor que le diera la noticia a mi hermano. Cuando Alberto ingresó al despacho, su superior le informó que podía quedarse por ser el sostén de la familia, pero dijo que no, que él quería ir a defender a su patria. Cuando nos retiramos, ¨mami´ le pidió que lo pensara pero él le respondió: ‘Vieja, ¿cómo me voy a quedar acá, sabiendo que van todos mis compañeros? Yo quiero ir, voy a defender la patria, voy a defender la celeste y blanca’. Eso fue lo último que escuché de mi hermano”.
Chaves falleció el 14 de junio de 1982 aproximadamente a las 3 de la mañana. “Estábamos reponiendo cargas de balas de proyectiles cuando escuchamos un ruido y sentimos que podría pasar algo: impactó un proyectil en dónde estábamos. Escuché que gritaba ‘me dieron, mi teniente’ y lo veo con los brazos abiertos, la pierna derecha no la tenía, el pecho era puro trapo. 30 segundos de gritos y murió”, relató Francisco García, uno de los últimos compañeros de Chaves que lo vio con vida.

Sergio Raúl Desza

Por: Joaquín Martínez.

Sergio Raúl Desza nació en Rosario el 1 de febrero de 1962. Hijo de Mabel Pastorutti y de Raúl Desza. Fue bautizado en San Jerónimo del Sauce el 5 de marzo de 1962.

Fue al servicio militar obligatorio con gusto, lo hizo en Curuzú Cuatiá, Corrientes, donde tenía asiento su Regimiento, el Comando de Brigada de Infantería III en la Compañía Comandos y Servicios.Fue furriel y tenía muchos amigos entre sus camaradas. Una familia de la localidad que también tenía un hijo en la “colimba”, de apellido Escribano, lo acogió en su casa como a un hijo más.

 El “Gringo”, como cariñosamente lo apodaban, se encontraba de licencia en Rosario cuando se recuperaron las Islas y se presentó espontáneamente en Curuzú Cuatiá como voluntario. Esto da la idea de su talla y coraje, ya que fue a Malvinas convencido del honor que significaba para él defender su tierra.

El 14 de junio fue el embate final de los ingleses sobre Puerto Argentino, y según el testimonio del subteniente Walter Martínez, que era su jefe inmediato, Sergio falleció junto a otros dos soldados en Pozo de Zorro, donde explotó una bomba. Sus restos descansan en el Cementerio de Darwin identificados mediante una placa.

Desza, soldado de Rosario perteneciente al Regimiento de Infantería 5 de Paso de Los Libres, murió dos horas antes de que las tropas argentinas se rindieran en la guerra del Atlántico Sur. En Malvinas custodiaba la casa del gobernador Mario Benjamín Menéndez, quien había asumido el 4 de abril.

Tiene una plaza en su honor en su ciudad natal (Rosario) llamada Soldado Desza.

Oscar Daniel Diarte

Por: Camila Mansilla.

Oscar Daniel Diarte era chaqueño pero residía en Mar del Plata. Era un soldado clase 62 y fue a las Islas Malvinas a desempeñarse como radio-operador en el GADA 601 de esa ciudad costera.

Falleció en combate el 3 de junio de 1982. Fue una de las víctimas de un misil lanzado por el avión inglés Vulcan B.2 sobre Puerto Argentino, como parte de la operación Black Buck de la Real Fuerza Aérea (RAF).

Se decía que Daniel, como le decían sus amigos y compañeros de combate, era pura libertad. Un espíritu libre. Esas personas que derrochan buena vibra por todos lados. A él, le sobraba por todos lados.

Era ese típico vago y atorrante, que le gustaba leer a Borges y contar chistes inteligentes, como cuenta Norberto Hegoburu, uno de sus amigos que compartió con él en las islas. Tenía esa rebeldía de contestarle cómicamente hasta a los oficiales y, a veces, les soltaba una carcajada en la cara.

El 2 de abril de 2009, a 27 años de la Guerra de Malvinas, el soldado Osvaldo Hillar fue a Londres con otros cuatro ex combatientes a visitar el Imperial War Museum. No se podía sacar fotos en el lugar, pero Hillar llevó su cámara. En una exhibición de objetos pertenecientes a soldados argentinos y británicos, Osvaldo logró observar la cédula de un combatiente. Aunque no pudo ver bien el nombre, con su cámara logró sacar una foto al documento y más tarde consiguió transparentar el nombre de a quién pertenecía. Era de Oscar Daniel Diarte.

Luego de una gestión para retirar la cédula del museo y contactar a la familia, en un acto conmemorativo logró devolverla a su madre, Dalis Cejas de Diarte.

Luis Díaz

Una carta, una despedida

Por: Matías Gusella.

Y ahí está él, ese joven de Solano, el hermano del medio, alegre y familiero, sobre todo “mamero”. Era Luisito y en Malvinas, a pesar de haber estado en medio de una guerra, no dejó de ser él. Su picardía lo acompañó hasta el final de sus días, así lo demostró en la última conexión que tuvo con su familia, una carta escrita de puño y letra fechada el 23 de mayo de 1982. Esas palabras revelan la inocencia con la que transcurrían sus días. Quizás sin darse cuenta, transmitió desde ese lugar hostil tranquilidad a su familia. En un pedazo de papel los recordó a todos, incluso a esa noviecita que nunca fue: “Piru”. No se olvidó de nadie y tampoco del folklore del fútbol, ya que se burló de Boca, equipo del cual su familia era hincha: “Calentito Boca que quedó afuera del Nacional, esto es para que vean que sin Diego no son nada, giles”. Luis era hincha de Huracán.

Luis Díaz

Esa carta fue la despedida. Sin saberlo, Luis les mandó el último recuerdo a sus seres queridos, sintiéndose orgulloso de ser un SOLDADO (así lo escribió, en mayúsculas). Su familia lo buscó y esperó por más de 35 años con la fe de que Luisito estuviera en algún lugar aguardando el reencuentro. Luis se transformó en ciudadano ilustre de Quilmes. La plaza donde tantos momentos vivió hoy lleva su nombre y hasta una vecina en su honor llamó a su hijo Luis Alberto.

Luis Díaz

“Siniestro”, la banda de rock que tenía con su hermano Ángel y dos amigos más, no volvió a sonar, pero la música lo acompañó hasta su último día. Así lo demuestra la radio que llevaba cuando encontraron sus restos, que también revelan su fe intacta en Dios: un rosario y una estampita de Ceferino Namuncurá, fueron su protección espiritual. Luis trascendió más allá de su partida, el recuerdo fervoroso de sus seres queridos lo mantuvieron vivo incluso después que un ADN confirmara su deceso.

Víctor Ofelio Ávalos

Por: Ramiro Madero.

Todavía se escucha en las calles del pequeño pueblo de Samuhú, Chaco, a la madre de Víctor Ofelio Ávalos, que lo buscaba desesperadamente cuando surgió el rumor de que su hijo finalmente había sobrevivido a la guerra. Se siente el llanto de su padre cuando no pudo evitar que los militares se lo llevaran al Regimiento de Infantería nro. 12. Y si se presta todavía más atención, están las risas de Víctor Ofelio, “Cali” para sus conocidos, o “Pasto Burro”, como lo apodaron sus amigos por culpa de algún juego de niños. Risas, porque así era él, un pibe alegre, que no paraba de hacer bromas, que era súper humilde, a veces no tenía para comer, pero igualmente era feliz. No hubo tarde que faltara al partido de fútbol de las cinco, ni día que no fuera a hacer alguna travesura con Carlos y Mauricio, sus amigos de toda la vida. No hubo, hasta que hubo.

Esa bala en el pecho que terminó con la vida del “Cali” también puso fin a sus ilusiones, a todas las sonrisas que generaba, así como también acabó con la agonía en esas últimas semanas: “Si no nos mata el enemigo, vamos a morir de hambre”, le dijo a un camarada dos días antes de cerrar sus ojos para siempre. Fue el penúltimo “soldado sólo conocido por Dios” identificado en la ronda de 2017, donde se le encontró Salbutamol en el organismo, un broncodilatador que se suele usar para tratar dificultades respiratorias, pero como siempre fue un chico sano, probablemente lo haya usado para escapar de ese infierno. Una escuela, un jardín de infantes y la plaza central de Samuhú llevan hoy su nombre. Probablemente no sean suficiente homenaje para un héroe, pero ayudan a recordarlo, y si algún día no alcanza, siempre va a haber un lugareño que cuente lo buen hijo, hermano o amigo que fue.

Julio Rubén Cao

Por: Guadalupe Gomez.

Un maestro de la patria. Julio Rubén Cao nació en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961, fue el segundo hijo de cuatro hermanos del matrimonio de Julio Cao (padre) y Delmira Hasenclever. Viajó a a Malvinas de manera voluntaria, ya que en 1981 había recibido la baja y cuando estalló el conflicto, si bien se reincorporó a la milicia como parte del Regimiento 3 de La Tablada, no tenía obligación de ir a las islas, ya que estaba casado y estaba pronto a ser padre de familia, situación que lo exceptuaba. Además, era docente en la escuela 32 de Gregorio de Laferrere.

Así, el 12 de abril, se subió a uno de los camiones del regimiento hacia el aeropuerto de El Palomar y partió hacia Puerto Argentino.

Antonio Camarda, uno de sus compañeros en la colimba y en Malvinas, lo definió como “un pibe muy culto y bonachón”. Ambos vivían cerca y se habían conocido en la instrucción de la compañía Comando, donde juntos eran parte de la sección antitanque”. Camarda rememoró las noches de guardia: “De él me quedaron esas charlas, en las cuales hablamos de nuestras familias. Su mujer estaba embarazada”.

Sus alumnos de 3ro D de entonces ocupaban un lugar importante en su vida; por eso se despidió de ellos con una carta que es uno de los testimonios más valiosos con la que se lo recuerda. En uno de sus tramos, les avisa: “No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: defender a nuestra Bandera… “

Víctor Cañoli, otro ex combatiente, lo describió como un tipo “corpulento y bien plantado en la vida; aguerrido, con valores firmes, que teniendo todo para no ir a Malvinas fue igual”. La muerte del maestro-soldado, en el amanecer del  14 de junio en Monte Longdon significó “la pérdida de un hermano por el que habría dado  mi vida”.

Néstor Miguel González

Por: Sofía Marina.

Néstor Miguel González pasó a la inmortalidad hace 39 años tras defender y realzar lo más alto posible la bandera argentina en Malvinas. 

“Negrito”, “Chumi”, “Gallego” o “Gonzalito” eran algunos de los apodos con el que sus amigos y conocidos llamaban a  aquel joven menudo y de cabello negro encrespado, con un peculiar entrecejo y una sonrisa impoluta e inolvidable del recuerdo ajeno. 

N. González

Segundo de seis hermanos, Néstor únicamente pudo despedirse de sus padres, Raúl y Elena, y debió abandonar su casa en Ensenada para combatir como soldado de la compañía C del Regimiento 7 con asiento en La Plata, desplegada frente a Puerto Argentino.

Néstor cursó toda la primaria y completó el ciclo básico hasta tercer año de la secundaria en el Colegio Nuestra Señora del Carmen, que abandonó por su falta de vocación por el estudio. A sus 16 años aprendió el oficio de zapatero con un tío hasta que más adelante se independizó y abrió, junto con sus socios Cucho y Olga, un negocio al que llamó, paradójicamente,El Borceguí.

El respeto, el compañerismo y la responsabilidad eran los principales valores que caracterizaban a Gonzalito, que cayó combatiendo en los últimos días del conflicto tras ofrecerse junto a 7 soldados para ir en avanzada hacia el Monte Longdon. Una ráfaga de ametralladora primero y unas bombas después acabaron con él.

Chumi era miembro de la comisión directiva de la asociación tradicionalista La Montonera, en la que forjó su patriotismo gracias a la gran pasión que heredó de su padre, la danza. Era un eximio bailarín de folclore. Esa era su mejor y más fiel versión. Bailaba malambo sureño, estilo que describía a la perfección su seriedad histriónica. 

De una naturaleza inusualmente madura, las cartas que Néstor les escribía a su familia y amigos desde las islas transmitían tranquilidad, con relatos que narraban la humedad de sus pies y la caza de ovejas para sobrevivir.

Un jardín de infantes y una calle de Ensenada con su nombre como homenaje mantiene su recuerdo imborrable. Su esencia renace todos los 2 de abril y también los 10 de junio. 

Tras años de incertidumbre y dolor, Néstor ahora es uno de los 89 soldados identificados y enterrados en el Cementerio de Darwin. Frente a la cruz mayor con su placa y su poncho, también lo acompañan las cenizas de su padre. Así descansa el héroe.

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