Sargento Primero
Categoría: Ejército (Page 13 of 19)
Cabo Primero
Por: Lucía Giménez.
Es 26 de mayo de 1982, desde el frío de Malvinas, Horacio Balvidares le escribe a su madre Amanda Coca Calbín, la última carta: “Vieja, como viene la cosa, a mediados de junio estoy de vuelta en casa con la libreta firmada”, rezaba aquel papel que se perdió en una mudanza pero que recuerda de memoria.
Proveniente de una familia muy humilde y criado en el campo, el “Negrito”, como lo llamaban, nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires en 1962. Muy compañero, solidario, compinche y de muy buen corazón, así es como lo recuerda su madre. Le gustaba andar a caballo y era el mayor de siete hermanos a los que consideraba sus hijos. Firme sostén de su mamá, a quien le decía siempre que los cuidara, y quien cree haber cumplido esa misión. Se mudaron a Chivilcoy después de un tiempo y desde allí, Amanda lo esperó siempre durante más de 30 años “porque nunca me dijeron que había caído en combate”.
Pedro Adorno fue parte del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 del que también fue miembro Balvidares pero se conocían desde antes, por haber hecho el servicio militar juntos en 1981. Adorno lo recuerda y lo tiene presente como un “muy buen compañero, siempre dispuesto y muy buena persona. Éramos muy jodones y siempre nos tocaba hacer las guardias juntos”, reveló.
La noche del 13 de junio en el monte Tumbledown, al este de la isla Soledad, Adorno fue herido por una bala inglesa en su brazo. Fue el “Negrito” quien lo asistió y lo cargó hasta el pueblo donde se encontró con un enfermero. Balvidares salió de nuevo para seguir combatiendo junto a los demás argentinos pero después de recorrer un corto trayecto, una bomba le puso fin a su vida.
Actualmente, uno de los barrios de la ciudad de Mercedes, lleva el nombre de Soldado Balvidares y en la plazoleta “Regimiento de Infantería Mecanizado 6” se encuentra la placa “Soldado Argentino sólo conocido por Dios”, que cubrió durante 36 años la tumba de Balvidares en el Cementerio de Darwin de las Islas Malvinas. Sus restos fueron identificados en 2018 y fue ascendido Post Mortem al rango de Cabo y condecorado con la Medalla “La Nación Argentina al Muerto en Combate”. “Me dio paz saber que él está ahí”, concluyó Calbín.
Por: Franco Cecchini.
En el barrio porteño de Villa Pueyrredón se crió Juan Domingo Baldini, un joven que nació el 13 de febrero de 1958 e hizo la escuela secundaria en el Instituto Nuestra Señora de Luján. Antes de finalizar sus estudios ya tenía en claro que iba a ser militar. El único hijo que tenían Hedo Silverio Baldini y Antonia Riscal ingresó al Colegio Militar de la Nación a sus 18 años. Tres años más tarde egresó como subteniente de infantería.
Tuvo tres grandes amores en su vida: su madre, su novia -con quien estaba comprometido e iba a casarse- y la vocación militar para servir a la Patria. “Mingo”, como le decían sus compañeros de la secundaria, en 1982 fue a Malvinas con el rol de jefe de la 1.ª Sección de la Compañía B del RI 7. La responsabilidad de su sección fue cubrir el frente oeste de la cima del monte Longdon. Estaba combatiendo al ejército británico cuerpo a cuerpo. El 11 de junio a las 21:30 horas Baldini informó que el enemigo lo estaba atacando y que se preparaba para contraatacar. Inmediatamente después se perdió contacto con él. Reunió a un grupo de soldados y se lanzó al ataque al frente de sus hombres, seguido a corta distancia por el cabo primero Ríos. Ráfagas de ametralladoras enemigas los abatieron a ambos. Su cuerpo fue enterrado en febrero de 1983 por los británicos en el Cementerio de Darwin como un Soldado Argentino Solo Conocido por Dios. Al momento de su muerte no tenía una chapa identificatoria, la única pertenencia personal que tenía el cuerpo era una cruz con el nombre de Eleonora, su novia. En noviembre de 2019 el teniente post mortem se constituyó en el soldado 115 en ser identificado en el marco del Plan Proyecto Humanitario. Su cuerpo yace en la tumba D.C.1.4 en el camposanto argentino en las islas.
Después de la guerra, sus padres siempre buscaron a Juan Domingo. Murieron sin saber dónde estaba el cuerpo de su único hijo.
Soldado Conscripto
Teniente Primero
Suboficial Principal
Soldado Conscripto
Teniente Primero
Por: Martina Pérez de la O.
Deportista, bondadoso, familiero, independiente, trabajador, perseverante, pero por sobre todo, héroe. Así fue Miguel Ángel Ávila, un soldado jujeño que sin saberlo dejó de lado la vida, sus sueños y aspiraciones por amor a la patria.
En las canchas de fútbol de Coronel Arias falta uno para llegar a once: el atlético, el que gambeteaba a todo el equipo, el 10. Entre los seis hermanos falta uno para trabajar en el tabaco junto a su madre, quien tomó las riendas de su familia cuando su marido Liborio decidió abandonarlos. Entre los soldados que volvieron de la Guerra de Malvinas falta un cabo primero perteneciente al Regimiento de Infantería nro. 25, ese que soñaba con estudiar y alcanzar una buena posición económica para ayudar a su familia. Aquel que perdió su vida cuando una esquirla le impactó en la cara en la madrugada del 28 de mayo de 1982, durante el combate de Darwin luego de sacar a tres soldados cordobeses de la trinchera porque les llovían misiles británicos.
Casetes para su madre analfabeta y cartas para sus hermanas fueron el único material que quedó de Miguel Ángel; pero gracias a su calidad humana, sus amigos y parientes lo reconocen como un héroe, no solo de la guerra.
En 2011, tras años de extensas investigaciones entre familiares y ex combatientes, fue reconocido por el Comité Internacional de la Cruz Roja; desde ese entonces dejó de ser un “soldado argentino sólo conocido por Dios” y una cruz de mármol lleva grabado su nombre por la eternidad.