El soldado que no pudo cumplir con su carta
Por: Magalí Maciel.
Rubén Norberto Ramírez nació el 29 de octubre de 1962 en San Bernardo, Chaco. La familia estaba compuesta por sus padres Felipe Ramírez e Isabel Pacheco y fue el tercero de siete hermanos. Se crió en un campo alejado del pueblo, por ende, la primaria la realizó en una escuela rural llamada “Domingo Mateo”. No pudo hacer el secundario ya que era un sostén económico de la casa y ayudaba a su papá en el trabajo.
Era una persona alegre que le gustaba cargosear a sus hermanos y también protegerlos. Un chico alto, gordito y con bellos ojos negros. Alguien tranquilo, solidario, buena persona, por sobre todas las cosas, y muy familiero, según contó su hermano menor Orlando.

Rubén era católico, antes de irse a dormir la siesta acostumbraba a leer la Biblia. Por otro lado, le gustaba jugar a las bochas, su deporte favorito; no le interesaba mucho el fútbol u otros deportes. Y había algo que le encantaba: las comidas de su mamá. Sus preferidas eran la milanesa, el guiso y la sopa.
Cuando tuvo que prestar el servicio militar, su padre le hizo los documentos para que sólo fuera a firmar y volviera, ya que era el único que trabajaba para mantener su hogar. Le habían aprobado todos los papeles, aunque decidió cumplir con su deber. Así fue como se dirigió a la ciudad de Mercedes, Corrientes, donde fue soldado y formó parte del Batallón 12.
A sus 18 años, previo a viajar a Malvinas, envió una carta a su familia, diciendo que pelearía por su patria e iba a volver. Pero no fue así. Su rol en el combate fue de Tirador 2. En uno de los enfrentamientos que hubo en Darwin contra las tropas inglesas, supuestamente les expresaron que harían las paces. Entonces, los soldados argentinos bajaron sus armas. Sin embargo, los otros no. Sus restos yacen en las Islas por la cuarta fila del cementerio de Darwin.