Un chamamé que sigue sonando
Por: Micaela Trípodi.
En La Plata, hace apenas unos años conocieron la existencia de José Luciano Romero. Vivió toda su niñez en Corrientes hasta que, junto a su madre Gabina y sus trece hermanos, se trasladaron a la ciudad que se divide entre Pincharratas y Triperos.
Aunque pasó los últimos momentos de su vida en Buenos Aires, Romero era perugorriano de corazón. Nació el 19 de marzo de 1963 en la localidad de Perugorría, departamento de Curuzú Cuatiá, y realizó la primaria en una pequeña escuela en Paso Tala. La única que existía por aquel entonces.
Al mismo tiempo que estudiaba, José comenzó a trabajar. Plantaba choclo, arroz y zapallo mientras, como un auténtico correntino, escuchaba chamamé. Debido a la extrema pobreza que atravesaba su familia, se vio obligado a dejar de lado las tardes de fútbol con los niños de la zona que tanto disfrutaba al terminar su tarea en las plantaciones, y emigró hacia La Plata. Allí consiguió empleo en un frigorífico.
Con aquel trabajo parecía que su vida se iba acomodando. Pero recibió el llamado que cambió sus planes por completo. Su participación en el servicio militar lo llevó luego a la Guerra en las Islas Malvinas. Con escasa preparación, se le fue asignado el rol de combate de tirador y abastecedor de la ametralladora MAG.
En el cerro Dos Hermanas, mientras colocaba las minas en el terreno, el soldado Romero fue atrapado de manera inesperada por los británicos y sucedió el desenlace fatal. Murió el 6 de julio de 1982, con 18 años.
Hoy, José Romero está presente en sus dos hogares: se le rinde homenaje en La Plata, así como en su querida Perugorría, donde un pasaje en el barrio 30 viviendas lleva su nombre. En el pueblo que lo vio nacer su nombre quedará grabado para siempre.