La promesa de ver a Queen
Por: Lenny Prida.
José Antonio Reyes Lobos o “Popito”, como lo llamaban sus hermanas, viajó con 20 años a defender el país teniendo los papeles de la baja en la mano. Era el único sostén de su familia, dado que su mamá había quedado viuda.
La pasión por la música, especialmente por la guitarra, la compartía con sus hermanas, sobre todo con María. Solían escuchar a Queen y Pink Floyd. Una pasión que heredó de su papá cubano, José Antonio Reyes Carbonell. Días antes de subir al micro, le prometió que la llevaría al próximo concierto de Queen, ya que al primero no habían podido asistir.
El amor que tenía por sus hermanas era tal que hacía de poste para que jugaran al elástico o las consolaba luego de una película triste. “Mi hermano regalón, que me llevaba al cine, a merendar y pasaba el tiempo conmigo… pasaron casi 40 años y todavía me sigue emocionando”, recordó María.
“No era un chico alocado, era muy de la casa y de pasar los ratos con la familia”, lo describió su mamá. Soñaba comprar el terreno junto a su papá para construir la casa. El máximo deseo era que la “viejita” no trabaje más y disfrute de sus hijos.
Su mamá fue a buscar a “lobitos”, como solían llamarlo los compañeros, y sola se enfrentó a la noticia: “Al ver que no bajó, mi mamá preguntó por él y el capitán le dijo que luchó como un héroe, pero cayó en combate”, rememoró su hermana. Daban por sentado que estaba vivo: había mandado una carta el 14 de junio, último día de combate.
En 2015, su familia fue de las primeras en viajar a reconocer sus restos. Sin embargo, sólo se le permitió estar 40 minutos a cada pariente, teniendo que volver en el día. María sostiene que el reconocimiento a los combatientes no es el adecuado: “Hubo una falta de tacto increíble, mi hermano luchó y murió como un héroe, pero nadie lo reconoció”.