Por: Gustavo Marto.
Esta es la historia de una carta que nunca pudo ser enviada y la de un jovencito que, sin quererlo, se convirtió en el héroe de su ciudad. Cuando en febrero de 1982 partió rumbo a Comodoro Rivadavia para iniciar el servicio militar en el Regimiento de Infantería 8, Jorge Daniel Ludueña tenía 18 años. Había nacido el 4 de noviembre de 1963, en la localidad de Las Varillas, departamento de San Justo, en la provincia de Córdoba.
Hoy, su mamá Manuela recuerda cómo fue aquel momento: “Estaba trabajando en un taller mecánico, le gustaban los autos. No le gustaba mucho estudiar y no era muy buen alumno. Eso sí, siempre fue muy querido por sus compañeros y maestros, en la única materia en la que siempre traía buenas notas era en ‘Deporte’, pero era un alumno excelente en conducta”.
La pasión del adolescente era el fútbol. Hincha de River, pasaba horas jugando en el club Huracán. Era alto, tranquilo, callado y algo tímido. Disfrutaba pasando el tiempo en casa, en el campo, andando en bicicleta y compartiendo asados en familia o con amigos. “Era un santo, un hijo ejemplar”, se sigue emocionando su mamá cuatro décadas después.
Jorge amaba a su familia y tenía una especial debilidad por “Marita”, su sobrina de tres años, hija de su hermana Estela: “Tenía devoción por ella”, cuenta su madre, quien asegura que la niña vivía en brazos de Jorge. Marita casi no tiene recuerdos de su tío, pero la emoción y el orgullo la invaden cada vez que le hablan de él y se reconoce parte de su historia, tanto que Manuela recuerda que ella cargaba a su pequeña nieta en brazos cuando aquella tarde de mayo de 1982 llamaron a su puerta para darle la noticia del fallecimiento de su hijo. “Cuando nos despedimos de Jorge, estábamos convencidos de que pronto íbamos a volver a verlo. Antes de Malvinas manteníamos correspondencia todo el tiempo, incluso pude viajar una vez a Comodoro a llevarle cosas pero no pude verlo”.
Jorge no murió en combate, sino a raíz de una intoxicación por ingerir comida en mal estado. A los 15 años había sufrido problemas hepáticos y no resistió. Todavía hoy el dolor más grande de su madre es no saber si Jorge sufrió. Durante años la invadió una enorme tristeza y buscaba a su hijo cada vez que viajaba a Córdoba Capital, con la esperanza de encontrarlo “perdido en la ciudad”, como ella misma define. Lo buscaba en los rostros de otros chicos, cuando miraba fotos de ex combatientes y durante mucho tiempo soñaba con verlo llegar en su bicicleta como todos los días.
Durante el corto tiempo que pasó en Malvinas, Jorge escribió una sola carta para su familia, que nunca pudo ser enviada. El texto fue rescatado entre sus pertenencias por el suboficial de la Armada Miguel Angel Gaete, y recién en 2019 pudo ser entregado. En ella, Jorge le contaba a su mamá que estaba bien, que esperaba volver pronto, y pedía que le envíen un sweater y medias porque hacía “mucho frío”.