Por: Ruth López.

Quizás la veamos como una de las provincias más vulnerables de la República Argentina, sin embargo en ese territorio nació una persona valiente y honorable. Chaco, en el Noroeste argentino, es la región donde se destacan los cultivos de algodón, soja, la producción de ganado vacuno y la extracción de madera. Allí, de una zona rural conocida como General Pinedo, surgió uno de los 649 héroes argentinos caídos en Malvinas. 

Era una tarde calurosa, Carlos Agustín Díaz, el jóven chaqueño simpatizante del club xeneize se encontraba recostado en una silla mientras visitaba a una vecina del pueblo. Estaban escuchando la radio de fondo y en ese momento oyeron que desde el aparato ubicado en la mesada del living una voz dijo: “El Soldado Conscripto, Carlos Agustín Díaz, debe reincorporarse al Regimiento de Infantería 12”. Y así fue. 

Se dirigió al patio donde se encontraba atado su caballo, su mejor amigo incondicional:  “Colorado”. Lo montó y se dirigió a la casa de sus padres para darle la noticia. 

Felix Díaz y Victorina Jardines no imaginaban que esa tarde sería la última vez que verían a su hijo. Pero Carlos presentía que algo podía pasar. Cuando bajó del caballo se despidió del animal con una frase: “Colorado, no sé si nos volveremos a ver”.         

El 2 de abril de 1982 comenzó la guerra que finalizó el 14 de junio. Poca o casi nula era la información que se tenía de Díaz. Pese a la incertidumbre, con sol, lluvía, tormenta o granizo, su padre recorría 30 kilómetros en bicicleta para llegar al centro de la ciudad y así poder recaudar datos. Muchos eran los dichos de vecinos del pueblo: que estaba herido, que le faltaba una pierna, que estaba muerto.

Pasaron los días, los meses, los años, hasta que en 2017 Felix perdió la vida sin tener novedades sobre Carlos, uno de sus ocho hijos. Entre el dolor, la angustia y la inquietud, pasaron cinco meses hasta que Victorina recibió una noticia desoladora pero que terminaría con su pregunta. Su hijo, el joven que al momento de partir tenía tan solo 18 años, había sido uno de los tantos soldados caídos en Malvinas. 

“Fue feísimo para mí, yo lo esperaba tanto a mi hijo”, fueron las palabras desgarradoras de su madre. “Es un orgullo saber que hay una escuela, en la que estuvo poco tiempo, y una calle tienen su nombre”, agregó. 

A pesar del dolor que causó la guerra para tantas personas, Carlos Agustín Diaz, como muchos de los otros soldados que dieron su vida, quedarán en la historia y en la memoria de todos sus seres queridos. Son la razón para hoy poder decir: “Nunca más”.