Una carta, una despedida

Por: Matías Gusella.

Y ahí está él, ese joven de Solano, el hermano del medio, alegre y familiero, sobre todo “mamero”. Era Luisito y en Malvinas, a pesar de haber estado en medio de una guerra, no dejó de ser él. Su picardía lo acompañó hasta el final de sus días, así lo demostró en la última conexión que tuvo con su familia, una carta escrita de puño y letra fechada el 23 de mayo de 1982. Esas palabras revelan la inocencia con la que transcurrían sus días. Quizás sin darse cuenta, transmitió desde ese lugar hostil tranquilidad a su familia. En un pedazo de papel los recordó a todos, incluso a esa noviecita que nunca fue: “Piru”. No se olvidó de nadie y tampoco del folklore del fútbol, ya que se burló de Boca, equipo del cual su familia era hincha: “Calentito Boca que quedó afuera del Nacional, esto es para que vean que sin Diego no son nada, giles”. Luis era hincha de Huracán.

Luis Díaz

Esa carta fue la despedida. Sin saberlo, Luis les mandó el último recuerdo a sus seres queridos, sintiéndose orgulloso de ser un SOLDADO (así lo escribió, en mayúsculas). Su familia lo buscó y esperó por más de 35 años con la fe de que Luisito estuviera en algún lugar aguardando el reencuentro. Luis se transformó en ciudadano ilustre de Quilmes. La plaza donde tantos momentos vivió hoy lleva su nombre y hasta una vecina en su honor llamó a su hijo Luis Alberto.

Luis Díaz

“Siniestro”, la banda de rock que tenía con su hermano Ángel y dos amigos más, no volvió a sonar, pero la música lo acompañó hasta su último día. Así lo demuestra la radio que llevaba cuando encontraron sus restos, que también revelan su fe intacta en Dios: un rosario y una estampita de Ceferino Namuncurá, fueron su protección espiritual. Luis trascendió más allá de su partida, el recuerdo fervoroso de sus seres queridos lo mantuvieron vivo incluso después que un ADN confirmara su deceso.