Por: Ignacio Goffi.
Elbio Eduardo Araujo nació en Colón, Entre Ríos, el 2 de septiembre de 1962 en el Hospital San Benjamín mientras unos soldados realizaban maniobras y la partera asoció: “Es un varón para la patria”. Y así fue. “Ñato” o “Cabezón”, como le decían sus amigos, era una persona compañera, solidaria, atenta, muy graciosa y divertida, como si tuviera luz propia. Tanto que hacía reír al sargento en el Servicio Militar: por las noches imitaba a sus superiores y se acompañaba con una guitarra. Ya en Malvinas, con unas latas de dulce de batata, empezó a hacer música y cantaba para sus compañeros.
Araujo se había ganado la baja antes de que empezara la guerra, pero cuando se enteró del reclutamiento de soldados, no dudó en presentarse como voluntario. El padre le ofreció cruzar el Río Uruguay tras enterarse, pero él le recordó que la palabra dada se cumple y había jurado defender a su bandera y a su patria y, si era necesario, hasta dar la vida. Desde las islas mandó tres cartas a su familia, en una decía: “Disculpen la letra, les escribo a la luz de los fósforos pues la situación así lo impone. Quédense todos tranquilos que el soldado Araujo monta guardia por la Argentina (la de todos) próspera y soberana y que le es fiel a su juramento”.
Antes de Malvinas, cuando revestía en el Regimiento nro. 7 de Infantería de La Plata,había defendido a Miguel Ángel Arrascaeta, un soldado que tenía un problema en la vista, era vergonzoso y a quien sus compañeros molestaban sacándole el birrete. Hasta que Araujo se paró delante de todos y desafió: “El que vuelve a tocar a Arrascaeta se la va a ver conmigo”.
Luego, Arrascaeta se le pegó en forma de agradecimiento y esa unión continuó en la guerra. Durante el combate de Monte Longdon, Arrascaeta sufrió heridas en una pierna con una pata del trípode de una ametralladora MAG; el cabo primero Juan Eduardo Martínez le ordenó ir a buscar asistencia médica, pero se negó para quedarse junto a Araujo. Así, fiel a esa deuda de gratitud, fue como terminaron muriendo juntos, como héroes, ante el implacable ataque británico.