Todavía anda el “Negro Pavón”

Por: Tomás Blanco.

El viaje de los héroes y víctimas hacia las Islas Malvinas culminó con una pérdida que, aún 40 años después, perdura en la familia de Alberto Genaro Pavón y les impide hablar abiertamente.

“Empuñando un fusil y una sonrisa. Las bombas no destruyen su inocencia”, recitaba el cantante Zitto Segovia, con una reversión del poema de Jorge Pascual dedicado a su primo fallecido en la guerra. Según Sonia, prima del excombatiente, la música le daba felicidad, pero no imaginaba estar en una canción como “Anda el Negro Pavón”.

También anda su infancia en la cosecha, donde hacía changas junto al padre en los campos de Sáenz Peña, Chaco. Además, trabajó de “canillita” y vendió bolsas de polietileno que fabricaba en la casa, el lugar que lo vio crecer apasionado por las películas de acción protagonizadas por Bruce Lee. A pesar de gustarle las peleas, soñaba con ser médico, carrera que estudió dos años en Resistencia, antes de partir a Malvinas.

El 2 de abril, Pavón llegó a las Islas como soldado conscripto del Ejército e integrante de la Compañía de Sanidad Nº3, donde asistía a los heridos. La guerra y la medicina se entrecruzaron: un mal que terminaría con su vida y un anhelo por rescatar las ajenas, sentimiento que permanecerá con su nombre grabado en la ambulancia 107 del Hospital 4 de Junio.

En la mañana del 14 de junio, el cerco de protección de Puerto Argentino fue bombardeado. Tras ser herido por un mortero, Pavón perdió la vida, junto a Sergio Desza y Guillermo Ojeda. Finalizado el conflicto, los buques retornaron al país, pero sus restos quedaron 35 años en el Cementerio Darwin sin identificación, con la frase “Soldado conocido sólo por Dios”. En 2017, el plan Proyecto Humanitario Malvinas reconoció el cuerpo de 112 soldados y, un año más tarde, Gladys Pavón viajó para despedir a su hermano y cerrar un ciclo, que dejó una cicatriz imborrable.